16 July 2012

CC.OO DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA.


Ciclos de protesta, militancia y sindicalismo democrático: Comisiones Obreras, de la Dictadura a la Democracia.

Javier Tébar Hurtado,
Director del Arxiu Històric de CCOO de Catalunya
(Fundació Cipriano García)




El historiador asturiano Ramón García Piñeiro, hace ya unos años, hacia el 2000, alertaba sobre la crisis de la “historia social obrera” en su artículo “El obrero no tiene quien le escriba”. Su diagnóstico en muchos sentidos era certero cuando establecía una relación entre la progresiva pérdida de protagonismo, tanto desde un punto de vista académico como de público en general, de la historiografía sobre el movimiento obrero y la crisis del mundo del trabajo que se arrastraba desde la década de los años ochenta del pasado siglo XX. No obstante, teniendo en cuenta el volumen de trabajos que citaba el propio autor, y a la vista de la posterior producción sobre el tema -que si no ha sido extraordinariamente numerosa, sí que es ciertamente consistente-, podría llegarse a una conclusión distinta de aquella propuesta por García Piñeiro. Me parece que no es un problema de “escribientes”, sino más bien de “lectores”, la mayor parte de las ocasiones de “lectores especializados”. Estoy tentado de pensar que, en realidad, “Quien escribe sobre el obrero no tiene quien le lea”. Con ello, no niego la pérdida de centralidad en la historiografía, aunque no sólo en la española, de las cuestiones relacionadas con el trabajo, los trabajadores y sus organizaciones a lo largo de los últimos treinta años.
Esta cuestión, como es obvio, ha afectado a las investigaciones sobre el mundo obrero bajo la dictadura del general Franco. Pero esta evolución no sólo tiene relación con los grandes cambios históricos producidos en términos de sociedad desde los años ochenta –sucintamente: el paso del “fordismo” al “posfordismo”-, sino que también lo tienen con las propias transformaciones en la manera de concebir y de escribir la historia –simplificando: la tensión y la disputa entre la “historia social” y la “historia cultural”- que se ha producido a lo largo de los tres últimos decenios. Este es un tema  que aquí no puedo abordar, pero que debe tenerse muy en cuenta, puesto que está en el trasfondo de muchas de las investigaciones que se presentan en este Congreso Internacional “Sindicalismo en España: del Franquismo a la estabilidad democrática (1970-1994)”, como en tantos otros congresos y jornadas.
Mi ponencia, con el título “Ciclos de protesta, militancia y sindicalismo democrático: Comisiones Obreras, de la Dictadura a la Democracia”, tiene por objeto presentar algunas líneas interpretativas sobre la trayectoria histórica de las Comisiones. No obstante, de manera previa, quisiera introducir dos consideraciones, una de tipo teórico y otra como hipótesis de partida.
En primer lugar, la consideración teórica. Tal como planteó Antonio Gramsci para el estudio de la historia de un partido político, podría considerarse que escribir la historia de un movimiento, de un sindicato o de un partido significa escribir, desde un punto de vista monográfico, la historia de la sociedad de la que ese movimiento, sindicato o partido es un componente. En este sentido, puede decirse que la historia de las Comisiones Obreras sólo es inteligible si se analiza su relación con la clase obrera en su conjunto, no sólo con sus militantes y simpatizantes, sino también con otras clases y grupos sociales. En definitiva, se trataría de saber inscribir su historia dentro del contexto político nacional del que forma parte, y en el que existen diferentes fuerzas en presencia, entre ellas, y de manera destacada, el Estado franquista. El conflicto, como evidencian numerosos trabajos, entre movimiento obrero y Estado franquista ha sido ciertamente explorado y abordado desde hace tiempo. Entre otras razones porque no podemos contentarnos con describir simplemente la trayectoria política interna de lo que fueron las Comisiones o de lo que fueron otros movimientos y organizaciones políticas antifranquistas. La crónica exacta del número de afiliados o participantes, la forma de organización, las declaraciones programáticas, los líderes, etc. como unidad de análisis –si bien debe en muchos sentidos completarse-, responde a una visión del vértice del movimiento, a una visión exclusivamente “institucional”. Esta mirada, como se viene insistiendo por parte de los especialistas desde hace décadas, tiene que combinarse con una aproximación que permita poner en relación aquella parte organizada del movimiento obrero con la base social que fue capaz de movilizar. Desde un punto de vista metodológico, sería conveniente, por tanto, plantearse el análisis de la cuestión de “arriba a abajo” y “abajo a arriba”.
Añado yo que también sería por completo recomendable hacerlo sin apriorismos previos. Cuando digo apriorismos previos, me refiero al arraigado hábito entre los historiadores dedicados a estas cuestiones de presentar el conflicto social como un relato épico, como un momento extraordinario de lucha, independientemente de sus resultados, del que son exclusivos protagonistas los trabajadores y sus organizaciones. Esto es algo que, en mi opinión, ha propiciado muy poca atención al conflicto social como relato de lo cotidiano, de la “crónica” sobre aquello conseguido en lo concreto, a través de la negociación colectiva, de los convenios, de la relación con la contraparte, con el empresariado. En definitiva, más que del conflicto de parte, se trataría de plantearse una historia de las relaciones laborales, tal y como ha señalado reiteradamente el historiador Carlos Arenas. Es cierto que, desde la década de los noventa en adelante, los trabajos de José Babiano para Madrid, José Gómez Alén para Galicia, Rubén Vega para Asturias y José Antonio Pérez para el País Vasco supusieron, muy en particular, una renovación de gran importancia en este sentido. No obstante, todavía hoy el relato sobre el movimiento obrero durante el tardo-franquismo y los años de la “transición” política a la democracia adolece de ser un relato sin el adversario directo de los trabajadores, más allá del propio Estado franquista, y por consiguiente es un relato a medias. A nadie se le ocurriría, por poner un ejemplo, contarnos la historia del F.C. Barcelona sin tener en cuenta la del Real Madrid; a nadie se le pasaría por la cabeza, hacer la historia de Escisión el Africano sin tener en cuenta la de Aníbal Barca… Aunque las presentemos a menudo como las plutarquianas “vidas paralelas”     –de parejas opuestas o bien de figuras en solitario-, trabajadores y empresarios, más bien, viven “vidas simultáneas”; sus trayectorias ocurren al mismo tiempo, se interpelan, se relacionan y condicionan mutuamente. Sin embargo, todavía hoy continúan prevaleciendo algunos análisis sobre las cuestiones político-ideológicas que pudieron marcar la evolución del nuevo movimiento obrero, al tiempo que se orilla una cuestión tan fundamental como fue el fenómeno de la “representación obrera”, de su forma, una cuestión que estuvo ligada indisolublemente a las reivindicaciones que consiguieron movilizar a los trabajadores de diferentes sectores de la producción, más allá de su identificación o no con determinadas ideologías o movimientos políticos.
En segundo lugar, presento algunas de las hipótesis interpretativas sobre la historia de la evolución del sindicalismo democrático en España entre el tardo-franquismo y finales de la década de los años ochenta. Ya que se ha hablado en otra ponencia presentada en este Congreso de la actual “crisis del sindicalismo” en el siglo XXI, partamos inicialmente de aquella otra “crisis” que atravesó el sindicalismo confederal durante los años ochenta, y sobre la que también se escribieron ríos de tinta. Pocos meses después del 14-D de 1988, el “paro general” -como lo denominaron los principales sindicatos que lo convocaron: CC.OO. y UGT- que pasó a constituir la “huelga general ciudadana” de mayor éxito en la historia de la democracia española, el historiador británico Sebastian Balfour apuntaba algunas cuestiones que me interesa traer a colación. Al preguntarse sobre una paradoja que siempre ha caracterizado al sindicalismo democrático español de la segunda mitad del siglo XX, a saber, la contradicción aparente entre el alto nivel de movilización del movimiento obrero durante la Dictadura (y en cierta medida después) y el bajo nivel de afiliación en el “posfranquismo”, Balfour mencionaba dos posibles interpretaciones de este fenómeno. La primera sería aquella que ofrecía una explicación a partir de la crisis económica que se desató en la segunda mitad de los años setenta; y, sin duda, hay razones para valorarla adecuadamente, por cuanto aquella recesión condicionó fuertemente el desarrollo del nuevo sindicalismo democrático. Un segundo tipo de interpretación, centrado ya durante la posterior etapa de “transición política” a la democracia, subrayaría los compromisos aparentemente necesarios para conseguir un consenso político (entiéndase, Pactos de la Moncloa, 1977), que, finalmente, no favorecían el avance del nuevo sindicalismo, por cuanto le hicieron perder protagonismo y ganar en subordinación respecto de los partidos políticos. Ambas hipótesis situaban las causas de explicación entre los años finales de la Dictadura y en el inicio de la Democracia en España. Sin embargo, Sebastian Balfour subrayaba la necesidad de ofrecer explicaciones a partir del examen del propio sindicalismo durante la época de la Dictadura. De no hacerlo, pudiera parecer que era “lógico” y “natural” que bajo un régimen de las características del Franquismo existiera un “sindicalismo obrero democrático”, como si se tratara de algo dado. Sin menoscabar la importancia de las anteriores hipótesis (crisis económica y “consenso” político), lo que se proponía era, en definitiva, un examen de la herencia de la Dictadura en el nuevo movimiento sindical, centrándose en particular en la experiencia de los trabajadores y en la estrategia y las prácticas de la oposición obrera organizada. De hecho, con este planteamiento introducía la dimensión histórica de la transición política. Algo que le permitía señalar que “la característica más marcada de la historia del movimiento obrero en España desde 1939 había sido la “discontinuidad”. Después de la Guerra Civil, se desmantelaron los viejos sindicatos y partidos obreros. Luego, los cambios socio-económicos después del año 1959 transformaron la estructura e identidad de la clase obrera. Y finalmente, la crisis económica de la segunda mitad de los setenta llevó a una profunda reestructuración que había disuelto a muchos de los colectivos que se habían organizado durante el boom económico (…). No es sorprendente que las formas de organización colectiva que se desarrollaron en la segunda mitad de la dictadura no hayan perdurado”. Así las cosas, el nuevo movimiento sindical español inició su construcción en un contexto nada favorable, en medio de la mayor crisis económica internacional desde los años treinta, con sus intereses subordinados al compromiso político y con una herencia altamente negativa del Franquismo. Visto así, y teniendo en cuenta todas estas circunstancias, Balfour concluía señalando que quizás fuera erróneo hablar de “crisis del sindicalismo”. Por el contrario, lo realmente sorprendente era la capacidad que había mostrado el movimiento sindical español para emprender la tarea de reconstruir un nuevo sindicalismo en unas condiciones sumamente desfavorables. De manera que la contradicción aparente entre un alto nivel de movilización del movimiento obrero durante la Dictadura y la transición política española y el bajo nivel de afiliación sindical (entre el 10 y 15%), tal vez no constituyera una paradoja si se tenía en cuenta el recorrido histórico del sindicalismo democrático.
También quiero hacer referencia a una cuestión habitualmente dejada de lado por los especialistas, aunque se ha ido incorporando a lo largo de los años. Me refiero a la “ecología obrera” de la que habló por primera vez el propio Sebastian Balfour. En efecto, la ciudad y la fábrica son dos potentes iconos del siglo XX que constituyen potentes elementos de identificación, de identidad colectiva de la clase trabajadora. El mismo Balfour introdujo con su estudio pionero la cuestión de la “ecología obrera”, es decir, de la forma en que la ciudad conformó los estilos del movimiento obrero, hasta el punto de diferenciar entre “varios movimientos obreros” más que de un solo “movimiento obrero unificado” bajo la Dictadura. El carácter de la protesta local sería, pues, determinante en la evolución de la disensión obrera en España. Ofreciendo sus ventajas, que pasaban fundamentalmente por su nivel de arraigo social, y también sus desventajas, como lo fueron la debilidad, cuando no la falta de coordinación más allá del estricto ámbito local. Sin duda, la ciudad y la fábrica moldearon al “nuevo movimiento obrero”, aunque cabría también explorar hasta qué punto, una y otra, fueron así mismo modelados ambas por el carácter y la naturaleza de aquel movimiento obrero. Cuestión que se ha plantado por parte de los historiadores en menor medida. Esto ha sido así, entre otras razones, por la falta de estudios de fábrica, análisis monográficos que en otros países, como Italia y Francia, han constituido una fructífera línea de investigación.
Por último, debo advertir que mi intervención no se plantea como un relato factual y cronológico, aunque alguna parte de ella si que se ajuste a este planteamiento. Me he propuesto, por el contrario, ordenar esta intervención a tres cuestiones o problemas, tal como indica el título de la ponencia, en torno a los que reflexionar.


1. Ciclo de protesta

En España desde finales de los años cincuenta, y de manera especial durante la década siguiente, cuando se produciría lo que se dio en llamar “el milagro económico español”, es decir, el “Desarrollismo”, tuvieron lugar cambios económicos y las transformaciones sociales de extraordinaria importancia para el futuro del país. Por conocidos, no voy a entrar en su enumeración. Sí que me interesa, sin embargo, subrayar que sobre aquel telón de fondo, se iba a producir un ciclo de protesta, relacionado con esos cambios y transformaciones, entre otras cosas, que marcaría los años finales de la Dictadura.
La protesta popular, que expresa las características de un ciclo, según la definición de Sidney Tarrow, constituye una fase caracterizada por el conflicto intenso y la beligerancia a todo lo largo del sistema social. Incluye una propagación rápida de la acción colectiva de sectores más movilizados a menos; aceleración en la innovación de formas de beligerancia; marcos de acción colectiva nuevos o transformados; una combinación de participación organizada y desorganizada; secuencias de interacción intensivas entre desafiadores y autoridades, las cuales pueden desembocar en reforma, represión y, a veces, en revolución.
              Como es comúnmente aceptado por los historiadores dedicados a estos temas, el surgimiento de las Comisiones Obreras se inscribió dentro de un ciclo de protesta iniciado hacia 1962, con un notable y constante aumento del conflicto laboral, expresado a menudo como conflicto político en el marco de un régimen autoritario como el franquista, que tuvo su punto álgido en el año 1976. Momento en el cual se superpusieron los efectos de la crisis económica mundial (Crisis del Petróleo de 1973) con los de la crisis política que representó el tránsito de una dictadura a un régimen democrático en España. Es este arco temporal cuando se produjo la aparición, extensión y finalmente consolidación, no sin dificultades, de las Comisiones Obreras. Este fue un movimiento obrero nuevo, que protagonizó las principales luchas laborales, pero también políticas, obteniendo arraigo popular y presencia organizada en los centros de trabajo del conjunto de la geografía española; particularmente, aunque no de manera exclusiva, entre los mineros, en las medianas y grandes empresas del sector del metal y entre los trabajadores de la construcción.
              Las Comisiones Obreras fueron el desafío obrero a la Dictadura. Los orígenes de su aparición en diferentes lugares, la proyección de su alcance más allá del ámbito local, así como el carácter flexible de la forma de protesta impulsada por el movimiento de las Comisiones Obreras, constituyeron una novedad en el desafío político al Régimen dictatorial. Que esto fuera así, dependió tanto del tipo de reivindicaciones que defendieron, a partir de la combinación de peticiones laborales concretas y explícitas demandas políticas, como de las propias características del repertorio de la acción colectiva que adoptarían de forma temprana. Actuaron tanto en el ámbito legal, a través de una forma de protesta “elíptica” que le permitía protegerse de la represión; como en el terreno de la ilegalidad, organizando su coordinación de manera clandestina, amenazada por la represión. La persecución de las actividades identificadas con un movimiento social como el de las Comisiones, surgidas y consolidadas desde principios de los años sesenta en diferentes regiones españolas, terminó constituyendo para las autoridades de la Dictadura uno de sus principales objetivos para mantener lo que conceptuaban como “orden público”. No en vano, a lo largo de aquella etapa de su recorrido histórico, las Comisiones Obreras tuvieron un destacado protagonismo en la ampliación y fortalecimiento de la resistencia opositora a la que tuvo que enfrentarse la Dictadura durante los últimos lustros de su existencia. Una cuestión relevante es que las Comisiones constituyeron lo que durante el Franquismo sería la primera instancia unitaria de las organizaciones obreras. Posibilitaron, de hecho, la confluencia de la militancia del conjunto de los grupos y organizaciones sindicales, sin exclusión de los comunistas. Esto permitió que se produjera, por primera vez y de manera explícitamente reconocida por ambas partes, un cambio histórico: la colaboración entre comunistas y católicos en el seno del movimiento obrero.
En diciembre de 1965 la modificación del artículo 222 del código penal legalizaría, aunque a partir de un redactado ambiguo, las denominadas “huelgas económicas” -una distinción iniciada con un decreto aprobado en septiembre de 1962, después de las huelgas de la primavera de aquel año-, si bien las huelgas “políticas” continuaban siendo tipificadas como sediciosas y el gobierno decidía a través de los tribunales cuándo una huelga era “política” o “económica”. Asimismo, la aprobación de la Ley de Prensa e Imprenta de 18 de marzo de 1966 con el que desaparecía la censura previa -siendo ministro Manuel Fraga Iribarne de Información y Turismo-, aunque no cambió en lo fundamental el clima cultural del país, representó una tímida apertura, facilitando que pudiera informarse sobre las huelgas de forma más abierta y con menos eufemismos. Por otro lado, los años que van de 1963 a 1968 pueden evaluarse como la etapa del régimen franquista durante la cual las conductas políticas expresadas por los españoles, las consideradas menos graves, no estuvieron sometidos de manera exclusiva al código de justicia militar. Cada una de estas cuestiones, dibujaron un contexto de cambios en el que la se presento una estructura de oportunidades políticas que bien pudieron ser aprovechadas y alentaron al nuevo movimiento obrero de cara a su reactivación. A ello se sumaría que las Comisiones se beneficiaron de manera principal de las propias contradicciones del proyecto populista de José Solís, secretario general del Movimiento y delegado nacional de Sindicatos, que perseguía la “revitalización” de la Organización Sindical Española (OSE). En realidad, el proyecto de Solís pasaba por la introducción de unas mínimas reformas con las que obtener legitimidad política de cara a los trabajadores, pero también buscaba hacerse con un espacio de poder propio dentro del gobierno.
              Es este contexto cuando, el 31 de marzo de 1966, fue presentado el manifiesto de CC.OO. “Ante el futuro del sindicalismo”, que fue enviado a Solís y a otras autoridades, con el propósito de pedir la legalización de un movimiento como el las Comisiones. En sus iniciales declaraciones programáticas, las Comisiones se autodefinieron como un “movimiento socio-político”. Como movimiento organizado y unitario de los trabajadores, las Comisiones aspiraban a construir un “sindicato obrero” en un horizonte próximo, de “unidad y libertad” sindicales. El primer paso para lograrlo pasaba por conseguir el derrumbe del Sindicato Vertical franquista, algo que, en definitiva, significaba cuestionar frontalmente a la propia Dictadura. La relativa tolerancia gubernativa mostrada con ellas durante unos primeros meses puede interpretarse como un juego de ambivalencias por parte del sindicalismo oficial. La reiteración del slogan “votar al mejor”, que formaba parte del proyecto sindical-populista de Solís, sería un buen ejemplo de actitud inicial. No será, sin embargo, hasta la convocatoria de las elecciones sindicales del verano de 1966 cuando el movimiento de las Comisiones alcance un nuevo impulso en su consolidación. En el caso de las de Barcelona, existió una cierta unanimidad entre los militantes del PSUC y el FOC –cuya posición sobre este asunto desde 1961, a diferencia de los comunistas, había sido titubeante- para el aprovechamiento de los cauces legales que ofrecía la Dictadura de cara a la obtención de cargos sindicales la OSE. El resultado de las elecciones representó para las Comisiones a nivel español un importantísimo paso en la obtención de enlaces y jurados que se identificaran con ellas, así como, en mucho menor grado, representantes en la “línea de mando” político (presidencias y vicepresidencias de las Secciones Sociales) del sindicato franquista.
              Al calor de unos resultados que se valoraron como extraordinariamente positivos, el 9 de octubre de 1966 tuvo lugar una reunión en Madrid, a la que acudieron representantes de la CGT francesa, CGIL italiana, las Trade Unions y el secretario general de la Central General de los Servicios Públicos de Bélgica, y en la que las delegaciones de Comisiones de Madrid, Barcelona, Bilbao, Asturias, Burgos, Alicante, Alcoy y Sevilla presentaron el movimiento ante estas organizaciones sindicales internacionales, con el fin de obtener su reconocimiento y apoyo. Así mismo, se impulsó una orientación desde el “nuevo movimiento obrero” que pasaba por priorizar la lucha por las libertades políticas para garantizar las sindicales. Esta posición estaba en sintonía con la estrategia “frentepopulista” del PCE y el PSUC, de impulso de una amplia alianza política en torno al restablecimiento de las libertades democráticas como forma de aislar y derrocar a Franco. El Régimen, en cualquier caso, tuvo que enfrentarse a partir de entonces a la existencia de un nuevo actor político que, empeñado en la organización del disentimiento y la protesta obrera en la sociedad española, actuaba con dos perfiles diferenciados. Esta misma caracterización, dificultaría de manera notable a los aparatos policiales y judiciales franquistas encontrar una forma adecuada para reprimir lo que a primera vista podría resultar un fenómeno “heteróclito”.
Durante aquellos meses se había estado produciendo una “armonía de contrarios”, en base a la que, por el momento, ninguno de los dos actores: el Vertical y las Comisiones, ponían abiertamente las cartas sobre la mesa. No obstante, el movimiento de las Comisiones se estaba perfilando como un foco principal de la oposición política antifranquista. Ante la amenaza que su activismo representaba, el Régimen trató de desarticularlas a partir de una ofensiva jurídica para llevar a cabo medidas represivas. El ciclo iniciado se tradujo en primer lugar en la decisión de ilegalizarlas a través de una sentencia del Tribunal Supremo, de 16 de marzo de 1967, acusándolas de ser una “hijuela” del Partido Comunista de España. El movimiento pasó de la “a-legalidad” al terreno de lo conceptualizado por el Régimen como “subversión”. Al mismo tiempo, el gobierno decidió la suspensión de la negociación colectiva el mes de noviembre de aquel mismo año, con la intención de frenar la posibilidad de la protesta obrera. Y, finalmente, se inició una oleada de represión policial y judicial que se cernió sobre los militantes de Comisiones. Aquellos que fueron detenidos y encausados en procesamientos judiciales, fueron de manera automática, desposeídos de sus cargos sindicales y en muchas ocasiones despedidos de las empresas donde trabajaban.
La misma naturaleza y orientación que las definió propiciaría -y en parte se vería potenciado durante los años sucesivos- que los activistas de Comisiones hicieran uso de las “jornadas de lucha”, las acciones conocidas como “jornalismo”, para expresar públicamente la protesta, dotándola de una fuerte carga simbólica y adquiriendo presencia en el espacio público. Sin embargo, sus resultados en cuanto a su seguimiento fueron irregulares, cuando no discretos, pero sobre todo constituyeron también una fuente importante de costes políticos debido a la relativa facilidad con que el movimiento fue blanco de la represión. Dentro de las Comisiones se fue perfilando una tensión entre un tipo de “sindicalismo de calle”, de acción política, frente a un “sindicalismo de negociación”, arraigado en la empresa. El primero, de hecho, conectaría con las necesidades políticas que el PCE-PSUC tenía en aquellos momentos y con su concepción leninista del sindicalismo como “tradeunismo”. O dicho de otra forma, la concepción de las reivindicaciones laborales como una cuestión de valor, pero de un valor relativo, puestas las miras en su utilidad como medio para la elevación desde las reivindicaciones de “carácter económico” a las de “carácter político”, salto del todo necesario desde su óptica para una lucha que tenía como fin prioritario derrocar el Franquismo. Esta tensión entre las tácticas “legales” e “ilegales” atravesaría la experiencia de los militantes de las Comisiones posteriormente, hasta llegar, una década después, al momento de la transición política a la democracia.
Desde principios de los años setenta, en la jurisprudencia de las Magistraturas del Trabajo se incorporó progresivamente un criterio “gradualista” sobre la interpretación de la huelga obrera, según el cual las sanciones de despido afectarían a aquellos que se consideraban líderes de la protesta, mientras que la responsabilidad de los trabajadores que participaban en el conflicto quedaba reducida, aplicándoseles en algún caso sanciones de suspensión de empleo y sueldo temporal. No obstante, el despido por falta muy grave por “inasistencia voluntaria, injustificada y repetida al trabajo”, prevista en la normativa laboral, fijaba como criterio su repetición en tres días consecutivos -tiempo que coincidía con la duración máxima de las detenciones en las comisarías (72 horas)- y que, aplicado de manera invariable, salvo excepciones, afectó de manera particular a aquellos trabajadores y militantes obreros que eran retenidos en la Jefatura de Policía o en los cuarteles de la Guardia Civil. Las respuestas a la conflictividad social, que se expresó de manera creciente durante aquellos años, propició, por ejemplo, que en 1974 las empresas suspendieran de empleo y sueldo a veinticinco mil trabajadores. Por lo tanto, el criterio sobre las huelgas como una cuestión de orden público se mantuvo inalterable por parte de las autoridades. A ello se sumó el endurecimiento oficial sobre la convocatoria de las elecciones sindicales, suspendidas desde 1966, que se celebraron en 1971, siendo parciales y muy restrictivas respecto a la representatividad obrera.
Con motivo de un nuevo episodio de represión, se iba a producir un acontecimiento de importancia para la evolución de las Comisiones. El 24 de junio de 1972, la mayoría de los miembros de su Coordinadora General fueron detenidos durante la reunión que celebraban en el convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Los únicos que pudieron librarse de la detención policial fueron los miembros de la delegación catalana: Cipriano García Sánchez, José Luis López Bulla y Armando Varo González. El resto de dirigentes obreros  (Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora Antón, Pedro Santiesteban, Eduardo Saborido, Francisco García Salve, Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto Martín) pasaron a ser conocidos como los “diez de Carabanchel”, la prisión en la que permanecieron encarcelados hasta su juicio ante el TOP. En lo que se conoce como el “Proceso 1001” (procedimiento 1001/72), fueron acusados de “asociación ilícita” en base a la vinculación de Comisiones con el PCE. La fecha fijada para el juicio coincidió con el atentado contra el presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. Aquello provocaría que el juicio fuera pospuesto algunas horas y también explicaría la dureza de las condenas fijadas por el tribunal, cuya suma superaba más de 160 años de prisión. Aunque, a finales de 1974, el Tribunal Supremo revisó las penas de los encartados en el “Proceso 1001”, rebajándolas hasta una suma conjunta de diez años. El nuevo “descabezamiento” del movimiento de las Comisiones, en esta ocasión en su nivel de coordinación más elevado, condujo a que el nuevo grupo encargado de aquellas tareas estuviera liderado por el veterano dirigente obrero Cipriano García Sánchez, un trabajador de la construcción de origen manchego que había llegado a Cataluña en los años cincuenta, que, siendo un destacado militante del PSUC en Terrassa, participó en la creación de las Comisiones catalanas. Algo que, a su vez, llevó a que el joven sindicalista de origen granadino José Luis López Bulla, militante comunista que formaba parte del grupo que impulsó aquel movimiento en Mataró, se hiciera cargo de la coordinación de la CONC. El cambio en el grupo dirigente, coincidiendo con un crecimiento sostenido de la conflictividad social en el conjunto del país, se mantendría entre junio de 1972 y diciembre de 1975.
Los miembros de las Comisiones Obreras, la irradiación de sus actitudes y la capacidad de vincularse y/o impulsar la protesta, representó un ejercicio práctico de libertades y derechos prohibidos por el Régimen, contribuyendo y alentando un largo proceso de “transformación” democrática de la sociedad española. Durante esta etapa se encontraron formas que facilitarían una progresiva confluencia, especialmente entre 1975 y 1976, entre las actitudes de una clase trabajadora altamente movilizada y las formas de organización del movimiento obrero. De esta forma, se prepararía el terreno para el logro de una institucionalización de la democracia en España, finalizada la Dictadura en 1977, a través de una intensa confrontación política. Los pactos a los que llegaron los contendientes fueron su resultado final. Un resultado que no puede dar cuenta por completo de aquel proceso, sino que cabría inscribirlo adecuadamente en ese mismo proceso. De lo contrario, se contribuiría a fortalecer una falacia frecuente entre los historiadores, según la cual el “final” explicaría el “principio”.
Durante estos años el mapa sindical se redefinió por completo. Se produjo la fulgurante aparición de una Unión General de Trabajadores cuya actividad fundamental hasta entonces había pivotado en el exterior, fraguando unas relaciones internacionales de las que se obtuvieron  apoyos de extraordinaria importancia de cara a su capacidad organizativa,  apostó por la implantación del modelo sindical socialdemócrata. El sindicato socialista se vio, además, reforzado con la incorporación de sectores de la Unión Sindical Obrera, creada en 1960. La reaparición de la Confederación Nacional del Trabajo, con una enorme ampliación de nuevos espacios libertarios, estuvo marcada fuertemente por el peso de un pasado –con el mantenimiento tanto su tradicional división entre anarquismo y anarcosindicalismo como su repugna a la acción sindical y la negociación-  que tuvo serias dificultades para sustituir su propio relato épico de las luchas pasadas. Finalmente, el movimiento sociopolítico de las Comisiones Obreras, que habían atesorado una experiencia y una fuerte presencia en los centros de trabajo     –desde los tradicionales bastiones del metal y la construcción hasta la progresiva incorporación de los trabajadores del sector servicios y de la Administración Pública-, no logró concretar la propuesta de una sindicato unitario que tradicionalmente había defendido. Algo que produjo la división de ciertos sectores y dio pie a la fuga presencia de un sindicalismo minoritario, identificado con la “nueva izquierda” nacida a finales de los años sesenta, como fueron la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (1976) y Sindicato Unitario (1977). En cambio, el tronco fundamental de lo que había venido siendo las Comisiones llevarían a cabo una revisión de su rica experiencia durante la Dictadura. Y a partir de la asamblea que tuvo lugar  el 11 de julio de 1976 en Barcelona, se optó por la construcción de un sindicalismo organizado, constituyéndose en una nueva central sindical de clase. Así las cosas, durante un período corto de tiempo, Comisiones Obreras tuvieron que transformar aquello que había sido un movimiento en lo que se denominó un “sindicalismo de nuevo tipo” que combinara la presencia organizada en las empresas con la participación de los trabajadores a través de la asamblea, como una de sus señas de identidad. Esta fue cuestión nada sencilla de llevar a cabo, si además se tiene en cuenta que el contexto en el que se realizó estuvo caracterizado por una triple crisis. No sólo eran años de crisis económica. También lo fueron de “crisis”, en el sentido de alteración y  cambio, de las formas  políticas hasta entonces empleadas. Y, por último, y conectado lo anterior, de crisis de las propias relaciones entre política y sindicalismo.

2. Militancia

He querido introducir aquí el fenómeno de la militancia porque me parece que es uno de los signos de identidad de aquellas Comisiones Obreras nacidas bajo la Dictadura. Con ello, no tengo la intención de menospreciar la importancia de los grupos dirigentes de las diferentes organizaciones que tuvieron relación con el movimiento de las Comisiones. No se entendería su historia sin plantearse la relación entre unos y otros; la militancia que trabaja en el interior del país y las direcciones de organizaciones políticas que tratan de orientar e influenciar en la política del Antifranquismo. Sin embargo, por razones de tiempo, sí que quería ofrecer algunas pinceladas sobre este asunto.
El objeto aquí son los “círculos militantes”, formados por aquellos que Alessandro Pizzorno denomina “identificadores”, en su estudio sobre la racionalidad de la acción colectiva, mediada por la “expectativa”. Aquellos mismos que Charles Tilly distingue de los “simpatizantes” o de los “colaboradores” puntuales movilizados. Algunos indicios permiten observan qué forma adoptaría la relación entre la política y la moral, la “moralidad” de la ‘resistencia ordinaria’ bajo el tardo-franquismo, me refiero a aquella protagonizada diariamente por las bases militantes de las organizaciones. La política se presenta como tendencialmente totalizante, es decir, configurándose una forma de “militancia total”. El valor dado a la política, incluso como “compromiso sanador” del orden político imperante, influyó, por último, para que la esfera de lo público y lo privado aparecieran no como espacios contiguos, sino unificados. Se podría decir que en la dedicación a la militancia política se fundirían el “tiempo físico” y el “tiempo social”, como espacios sin solución de continuidad. Ángel Rozas, el ya desaparecido militante obrero, miembro del PSUC y de CC.OO. de Cataluña, nos proporciona una precisa definición de ello: “Es que, pues bien, normal, mi vida laboral era una continuación de mi vida militante porque como era delegado de la empresa, era enlace en la empresa y tal, pues era... yo allí a través de la legalidad vigente, con el Sindicato Vertical, pues luchaba por conseguir reivindicaciones para mis compañeros de trabajo, en ese caso concreto para la empresa, el problema de la vivienda, había gente que vivía en barracas, en malas condiciones, conseguí, pues, a dos de ellos que les dieran vivienda, pero... pero nada más”.
En la indagación sobre las formas y el significado de la experiencia de la militancia política, en particular de aquella que fue objeto de la represión franquista, que es la que voy a analizar, parece necesario plantear una premisa inicial, básica. Esta nos aconsejaría superar una mirada sobre los detenidos, los procesados y finalmente, en algunos casos, lo presos antifranquistas que les confiera el papel de víctimas inermes ante los aparatos de represión política. No hace mucho, Ricard Vinyes ponía el dedo en la llaga sobre este asunto cuando interpretaba el significado que tenía la muerte del estudiante antifranquista madrileño Enrique Ruano Casanova, el 17 de enero de 1969. El joven militante antifranquista no fue una víctima involuntaria de la represión ciega, en este caso de la policía franquista. Es por el contrario, nos dice Vinyes, “un sujeto que es dañado por responsabilidad propia, alguien cuyas decisiones proceden de una insurrección ética que considera necesaria para poder vivir con decencia y conforme a sus proyectos y esperanzas”. No plantearlo de esta forma, conduce a dejar de lado los aspectos volitivos, aquellos actos orientados a superar la resistencia a la que se enfrenta y tratar de alcanzar lo deseado. Una cuestión que no sólo afecta a los militantes procesados, si no que, por extensión, está conectada al conjunto del Antifranquismo y a las culturas militantes expresadas en todos sus componentes. De esta forma, el historiador situaría un acto en el campo de la conciencia, no en el de un orden jurídico que lo clasifica como “delincuente” o bien en el campo ideológico que tan solo le reserva un lugar entre las “víctimas”. Lo que se subraya con ello es el acto de adquirir una determinada actitud ética, decisión que comporta, a su vez, un punto de vista respecto de la naturaleza de las acciones humanas. El rechazo de una persona a las prácticas que hasta el momento le han permitido pensar y actuar implicaría, a su vez, una búsqueda individual o colectiva de otras prácticas distintas.
              Conocemos hoy con extremo detalle, por poner sólo algunos ejemplos, los acontecimientos que rodearon un determinado conflicto o de concretas protestas locales (sus impulsores y participantes, sus formas de organizarse). También somos conocedores, en gran medida, de los discursos ideológicos en el caso de la mayor parte de las fuerzas políticas y sindicales (los cambios tácticos y estratégicos, su evolución). De la misma manera, sabemos sobre los resultados de determinados episodios de la represión franquista (en barrios u otros espacios de la ciudad, en determinadas fábricas…). Nuestro conocimiento, sin embargo, es todavía limitado en cuanto a las personas que tomaron parte en ellas, algunos militantes, otros simpatizantes y, finalmente, aquellos otros que de manera puntual participaron en ellas. Hasta cierto punto tenemos todavía una visión excesivamente epidémica, exterior, sobre la conflictividad manifestada durante aquellos años finales del Franquismo. Tal vez sea necesario incorporar una mayor profundidad y dimensión a la vida de aquellos que la protagonizaron (quiénes eran, cual era su itinerario vital, cómo llegaron a la militancia política, etc.). Por otro lado, no es el número de sus miembros el dato fundamental aquí, lo relevante es la propia decisión de tomar parte en cada una de aquellas acciones. A principios de los pasados años noventa, a esa decisión Claudio Pavone la denominó “la moralidad de la resistencia” refiriéndose al caso italiano y para el término “resistencia” en sentido fuerte. No se trata de la “ejemplaridad moral” construida y transmitida por las organizaciones antifranquistas, que es otro aspecto relacionado y necesario de abordar. Se trata de preguntarse sobre las circunstancias de sus experiencias, de sus convicciones y expectativas. Para el estudio de un fenómeno como este, resulta imprescindible explorar la relación que se estableció entre política y moral en el caso de los que formaron parte de la militancia antifranquista en el interior del país. La mayoría de los ciudadanos que la conformaron no tenían la capacidad de producir por sí solos los acontecimientos que suelen pasar a la historia como relevantes (un gran gobernante o una figura destaca de la intelectualidad), es decir, que fue “su actitud ante el contexto histórico, no su protagonismo en ese contexto, lo que les hace relevantes para comprender, entre otras cosas, los procesos de democratización que en España tuvieron su hito contemporáneo más importante en la instauración del Estado de Derecho”. Hoy todavía parece necesario avanzar en el estudio de los elementos que compondrían esa “moralidad” de la ‘resistencia ordinaria’”. Pero también cabría plantearse el abordar cómo la “militancia”, tal como hasta entonces estuvo concebida, entró en crisis ante los cambios históricos que se vivieron a partir de finales de los años setenta. ¿Qué nuevos mapas mentales, actitudes y formas de actuar tuvieron que ser adoptados en una sociedad cambiante? Y también ¿Qué legado ha quedado de todo ello?
             
3. Sindicalismo democrático

En 1969, el ingeniero y militante antifranquista Alfonso Carlos Comín postulaba en su libro “Por una  nueva estrategia sindical”, que sin presión sindical difícilmente se produciría progreso económico y social. Por eso insistía en que en España, en un año de dura represión, el principal reto para la actuación del sindicalismo opositor era diseñar y llevar a cabo la acción sindical, para lo cual era necesario replegarse a los “cuarteles de invierno” de la empresa. Un valor similar al sindicalismo, aunque expresado en otras palabras, aparecía en un artículo publicado en la revista Mundo -de extraordinaria difusión durante los años de la transición política española- como resultado de la entrevista al dirigente obrero Cipriano García Sánchez. En ella, Cipriano García afirmaba rotundamente que el conflicto social no sólo era el motor de la historia y de la democracia, sino también de la regeneración de la economía. Una afirmación que está en sintonía con aquella otra idea según la cual: “Cuando los trabajadores hacen huelga, lo hacen para trabajar en mejores condiciones”. Sea o no apócrifa, y sobre esto hay diferentes opiniones, la frase cuya autoría se ha aceptado que es de Francesc Layret        -laboralista relacionado con el anarcosindicalismo y político republicano y catalanista del primer tercio de siglo XX- me parece que sintetiza en buena medida el significado del papel del sindicalismo democrático español.
Con los tiempos que hoy corren, y sabiendo que Cipriano García nunca leyó a este autor, vale la pena traer a colación alguna de las ideas de Albert O. Hirschman, durante años dedicado a la investigación sobre el desarrollo económico. Concretamente quiero mencionar su visión sobre la “cooperación” y el  “conflicto”. Este economista alemán ve en ellas dos formas que no se oponen, sino que coexisten, y que en función del problema a resolver son más imaginativas y fértiles en unos casos que en otros. No existe razón por excluir una de las dos opciones de cara a plantearse soluciones para el desarrollo económico. Está claro que esta posición solamente se puede defender desde una reflexión intelectual ajena a las extrañas creencias en un supuesto “libre mercado” prístino y virginal, un “dejar hacer, dejar pasar”, tan artificial como puede serlo un experimento. Un experimento cuyo fracaso, según el economista Karl Polanyi, ocurrirá con el auge del fascismo y la Segunda Guerra Mundial; catástrofes de un siglo como el pasado que convencieron a las sociedades europeas que el futuro tenía que ser otro. Se puede y se debe, no obstante, discutir la teoría económica neoclásica según la cual las cosas se mueven por la oferta y la demanda, que sólo se percibe lo que Hirschman denomina la “salida”; por decirlo de alguna manera: “lo quieres o no lo quieres comprar”. El propio autor plantea que junto con la “salida”, existen la “lealtad” y la “voz” para describir otro tipo de comportamientos, de opciones alternativas a la ley de oferta y la demanda. La “lealtad” es la identificación. La “voz”, la variable política. Pues bien, el uso de la “voz” en determinados momentos por parte del sindicalismo democrático –y, desde luego, nadie con un mínimo conocimiento puedo negar su papel de organizador del conflicto social- fue una pieza fundamental no sólo para la inicial creación del sistema político democrático, sino para la posterior consolidación de la Democracia en España. El conflicto social puede desestabilizar a un régimen autoritario, pero no a un sistema democrático. El ejemplo más claro es la experiencia posterior a 1945, cuando se produjo el denominado “pacto social de posguerra”, que permitió la creación del Estado social o, si se quiere, el “Estado del Bienestar” y unos sistemas políticos identificados con el estado democrático y de derecho. Así pues, el conflicto social no se opone a la “estabilidad democrática”, sino que ayuda a profundizar en la democracia.
              Reconocido por la Constitución de 1978, en España el sindicalismo democrático ha jugado un papel en lo social, como los partidos lo han hecho el terreno de la política institucional. En el mundo del trabajo, que ha vivido transformaciones de época desde los años setenta. A lo largo de los últimos decenios, el sindicalismo español como “legislador implícito” -tal como lo ha calificado reiteradamente el experto y veterano dirigente sindical José Luis López Bulla- ha contribuido a generar derechos sociales de ciudadanía; ha permitido la acumulación de “bienes democráticos” -como los denomina el jurista Gerardo Pisarello- tangibles: reducción de horarios, derechos de información, control formal o informal de la Seguridad Social, redistribución riqueza, política salarial, salario real, etc. El sindicalismo ha sido, por tanto, garantía para la democracia. Lo ha sido, además, a través de la representación por una doble vía, la de la afiliación –tanta veces criticada, pero nunca comparada con otras organizaciones sociales- y la de la elección de representantes de los Comités de Empresa, sobre la que suele pasarse de puntillas, cuando no ocultar, por aquellos mismos que critican la baja densidad afiliativa del sindicalismo español. Mientras, tal como se planteaba en los carteles de CC.OO. en las elecciones sindicales de 1978, todavía hoy conviene insistir en la idea de que “La democracia entre en las empresas”. Y para ello es necesario poner en primer plano algo que hace más de medio siglo planteó de manera incipiente K.W. Kapp en su obra “Los costes sociales de la empresa” (1950) –a la que tantas veces apeló el propio Alfonso Carlos Comín en sus escritos sobre el “desarrollismo” español- y que ha constituido, entre otras cuestiones, un tema desarrollado por los planteamientos medio-ambientalistas modernos. En este mismo sentido, es necesario insistir en las consecuencias invisibles del trabajo, más allá de la vida en la empresa, es decir, los efectos en los trabajadores/ras de las enfermedades sociolaborales. Cuando se trata de la “externalización” hacia el “Estado del Bienestar” de sus costes, entonces no hay cuestionamiento del papel del Estado por parte de aquellos que lo exigen “mínimo” o lo prefieren jibarizar.
El economista Karl Polanyi, uno de los grandes pensadores del período de entreguerras, interpretó el “Estado de Bienestar” precisamente como una respuesta al deseo de reducir y compensar los costes sociales de la expansión del mercado. En el centro de su obra está la tesis de que los mercados determinan costes sociales insostenibles. Por esta razón, este autor -que muere cuando el moderno Estado de bienestar se encontraba en su fase inicial- vio los fascismos de los años veinte y treinta como una respuesta a las demandas sociales de control de los mercados. Se puede decir que, en su análisis, el Estado de bienestar es una alternativa a las dictaduras fascistas del periodo de entreguerras, porque los fascismos son vistos como una forma de respuesta al deseo de compensar los costes sociales del mercado. Y como ha sostenido el economista Antonio Calafati –en este mismo blog, “Sobre relectura de Kart Polanyi”- se puede afirmar que en su análisis Polanyi no se limita a una dicotomía entre “Estado” y “mercado”, sino que desde su punto de vista no es el Estado, es la “sociedad” –esa que Margaret Thatcher negó siempre- la que se contrapone al “mercado”. La idea central de Polanyi es que el proceso económico está incrustado en el sistema social, que la economía es un producto de las relaciones sociales. Esta es una idea que ha sido dominante en las políticas públicas hasta que se ha introducido un nuevo “folklore del capitalismo”. Es decir, hasta que se ha introducido la elaboración de nuevo pensamiento sobre la economía y la sociedad sobre el que, en un momento histórico distinto, alertó Thurman Arnold, economista estadounidense y asesor del presidente Roosvelt durante la gran depresión. En definitiva, en el proceso histórico de la “gran desigualdad social”   -porque de eso se trata- puesto en marcha desde hace más de tres décadas, las explicaciones no están en la economía, hay detrás de ello decisiones políticas. Y éstas han adoptado la forma de “revoluciones conservadoras”, entre cuyos objetivos fundamentales ha estado y está la completa desregulación de las relaciones laborales, la “desestructuración” de la clase trabajadora, iniciada a partir de finales de  los años setenta, como ha señalado el sociólogo alemán Ulrico Beck. En definitiva, la pérdida de derechos sociales y políticos. Una cuestión que para su examen requiere el reflexionar sobre el valor social del trabajo y el trabajo como valor social.
              Después de este rápido repaso, quisiera plantear, más como simple intuición que como hipótesis de trabajo, que es probable que en el caso español se llegara “demasiado tarde”, en comparación con otros países de su entorno, al modelo que caracterizó “los años dorados” del capitalismo occidental. Aquellos años durante los cuales se estableció un “pacto social” (de distribución más equitativa de la riqueza) y un “pacto político” (de reconocimiento de la propiedad privada y legitimación de las instituciones democráticas). De la misma forma, uno podría también plantearse que en el caso de nuestro país, a diferencia de otros, se llegara “demasiado pronto” a los efectos de lo que el economista Paul Krugman ha denominado “la gran divergencia”. Un proceso iniciado a partir de los años setenta, cuando se rompió la tendencia abierta desde 1945 de una redistribución social más equitativa y tiene lugar un cambio de signo, invirtiéndose la relación capital y trabajo a favor del primero, de manera que se generan mayores desigualdades en la redistribución de la renta, haciendo que los más ricos lo sean más a costa de la clase trabajadora y las clases medias.
El sociólogo Ralf Dahrendorf, desaparecido ya hace unos años, fue uno de los autores principales de la teoría contemporánea del conflicto social y exponente de la visión del “capitalismo organizado”. Pues bien, Dahrendorf –por cierto, nada sospechoso de ser un radical “antisistema”- señaló que mientras el conflicto tradicional se había producido por la obtención de derechos, en la actualidad, y desde hace años, el conflicto moderno se origina por el ejercicio de esos derechos. Por ejemplo, en el caso de la igualdad hombre-mujer, el derecho se ha conseguido, pero el ejercicio de ese derecho todavía no. Lo mismo podría plantearse no sólo para el derecho al trabajo, como lo evidencia los más de cinco millones de parados en nuestro país, sino para el derecho de representación de la clase trabajadora. Un derecho, que ha estado de manera habitual permanentemente cuestionado, y que hoy está seriamente amenazado. La representación sindical, la  concertación social son obstáculos para la “nueva-vieja” economía política que está dispuesta a derribarlos. Los sindicatos pueden ser uno de los últimos baluartes frente al dogma neoliberal rampante, que de momento está saliendo victorioso de la crisis a la que él mismo nos ha conducido. No obstante, si algo se debe haber aprendido por la experiencia histórica, especialmente la de estos últimos cincuenta años, es que no solamente no hemos entrado en el “final de la historia”, sino que la historia nunca está escrita de antemano. Los historiadores, ex post factum, planteamos nuestras retro-predicciones. Pero son las personas de carne y hueso las que hacen su propia historia, aunque no en las condiciones escogidas por ellas mismos, sino con “las cartas que se les reparten”.


18 April 2012

LA REFORMA DEL MERCADO ELÉCTRICO: EL ENREDO ENERGÉTICO


Por el Colectivo Trabajo y Progreso

Introducción

La reflexión sobre el tema arriba referenciado arranca del furor “reformista”  del nuevo Gobierno y la necesidad de abordar con urgencia, profundidad y rigor un tema , que se arrastra de etapas anteriores y fundamentalmente agravado en la época de Aznar y su Vicepresidente económico Rodrigo Rato en el 2002. España necesita urgentemante una reforma energética no solamente para abordar el déficit tarifario, los 24.000 M€ suponen casi un 2,8% del PIB español, sino también desde la perspectiva de la eficiencia energética, sostenibilidad ambiental , sobredimensionamiento de nuestra capacidad instalada y competitividad de nuestra economía con una alta intensidad energética en el sector industrial , que repercute en la eficacia energética y eficiencia económica del  mercado eléctrico.
Nuestro intento de aproximación al debate, tiene una componente pedagógica y esta expuesto de forma cronológica, en el bien entendido que la cronología en el desarrollo de los acontecimientos ayuda a situarlos en su contexto. También he recurrido a  un cierto soporte en la prensa especializada , dando la palabra a algunos de los protagonistas que con sus declaraciones hacen una aportación interesante al debate, sus interese enfrentados, sus presiones sobre la Administración, en resumen la dinámica de los “lobbies” en su estadio puro. Un nuevo enfrentamiento entre el “mercado “ y la Administración, en este caso y en la mayoría de los mismos, con clara ventaja del mercado sobre las administraciones obedientes y rendidas a los mitos del “más poderoso”.Como sucede en la mayoría de los casos con la cada vez más frecuente ausencia de las organizaciones políticas que deberían defender  la ideología de lo público, lo eficiente y lo económica y medio ambientalmente sostenible


Navegando en el tiempo : Cronología de los acontecimientos

Desde el 27/11/1997 existe legislación eléctrica actualmente vigente ,la  Ley 54/1997 que legisla sobre la voluntad de regular las actividades del sector eléctrico.  Sin embargo los acontecimientos posteriores nos indican que “Spain is different”, o mejor dicho nuestra patronal eléctrica es diferente….
Nuestro mercado eléctrico es paradoxal, la paradoja de un mercado liberalizado y al mismo tiempo intervenido , actividad regulada, con normas de inversión y precios preestablecidos, sistemas de primas a las renovables,  ayudas de todo tipo (Costes Transición Competencia /CTCs, pagos por capacidad, ayudas al carbón nacional, retribución por interrumpibilidad para los grandes consumidores… ) para las empresas del sector
La gran paradoja es que todas las empresas, que reclaman la necesidad de un marco regulatorio estable y regulación proteccionista para “sus” actividades, en dónde se sienten fuertes , solicitan al mismo tiempo la desregulación y apertura del sector en las actividades de los “otros” , para poder mejorar su posicionamiento . Resumiendo “orden” dónde estás, “libertad” dónde no estás. Se trata de reivindicar la “planificación completa y detallada , que transmita estabilidad y seguridad al sector” y al mismo tiempo los “padres de la patria eléctricos” : Sánchez Galán, Borja Prado.., dicen defender  el mercado libre y olvidan decirnos que sus empresas operan en una actividad regulada, con clientes en estado de semicautividad y con normas de inversión y precios preestablecidos.
La reforma del sector eléctrico ha abierto una gran batalla entre las empresas eléctricas (UNESA),empresas renovables y Gobierno, los consumidores sencillamente actúan una vez más, como artistas invitados. Un escenario preñado de las “consideraciones” de la CNE (Comisión Nacional de la Energía) , las presiones de las patronales (UNESA,  Protermosolar , AEE,..) , las “indicaciones” de la FAES (suyas son la moratoria verde, la ampliación de funcionamiento de Garoña, permisos de explotación petrolíferos en Canarias, reforma organismos reguladores, revisión de tarifas..) , que gran oportunidad para imponer una vez más la “corrección política” y “el pensamiento único”, ilustrativo el artículo del “gran pensador económico“ Jose Mª Aznar Botella, indicándonos a todos el “camino a seguir “ , el ”lighting  path” , en su artículo en La Razón del 18/03/2012, donde descalifica de forma demagógica al Presidente Obama por su política a favor de las renovables y entona un canto general por el “drill, baby, drill” (perfora, nena, perfora), el himno de guerra de las petroleras americanas, y sus entusiastas seguidores del “tea party”, apoyando con entusiasmo fundamentalista, fiel heredero filial,  la perforación de las Canarias en la búsqueda del “oro negro”. ¡Quien paga manda!

      I.            Problemática económica y tarifaria del sector

  • Déficit tarifario
Unos definen este déficit del sector eléctrico , como el desfase entre los ingresos que perciben las actividades reguladas (via tarifas de acceso) y los costes del servicio (generación, transporte y distribución) . Otros como la CNE define el déficit tarifario como “la diferencia entre el coste real de electricidad y el precio que los usuarios están pagando por ella”.
En el fondo el déficit tarifario es un mecanismo (electoralista) que consiste en no “cobrar” (espejismo) a los consumidores todos los costes de producción y distribución de la electricidad (lo que puede hacer pensar que la tarifa no sube) , pero como tampoco se perdona, se pagan de forma aplazada con recargos. La deuda está en el balance de las cinco grandes , que cobran intereses hasta que lo colocan en forma de títulos/bonos en el mercado (titularización)
Es decir que con relación a este déficit de tarifa , el Gobierno garantiza por Ley a las eléctricas que en algún momento tendrán derecho a cobrarlo , hasta que esto suceda lo apunta en sus activos como “deuda pendiente de cobro”. El “padre” de este engañoso sistema fue Rodrigo Rato, vicepresidente de Aznar, quién a partir de 2002 decidió poner un tope del 2% a las subidas de la luz.  Pero como era de esperar los costes reales del sistema superaron ese porcentaje y se pasaron al cobro de  los consumidores en cómodos plazos de 15 años
Para financiar el déficit se empezó a “titularizarlo” , lo que equivale a autorizar la emisión de bonos con cargo a este déficit y la garantía del Estado, que permitía a las eléctricas poder cobrar la deuda del déficit.
Estos bonos se amortizaban con el dinero obtenido en recargos en el recibo de luz durante un plazo máximo de 15 años, en el 2011 pagamos más de 1.800 M€ para cubrir bonos y sus intereses. Al principio las titularizaciones se hacían sin el aval del Estado , a partir de la crisis de liquidez 2008/2009 se creó la FADE( Fondo Amortización Déficit Tarifa) , fondos con que el Tesoro coloca emisiones de bonos para cubrir el déficit , que incorpora el aval del Estado. A través de este sistema ya han sido cobrados por las eléctricas entre 12.000 y 13.000M€ gracias a las emisiones de bonos (a precios altos , la última al 6,5% de intereses), quedarían pendientes más de 7.000M€ para este año
Además en los últimos 5 años , una parte del déficit de tarifa se ha visto acentuado por la caída del consumo desde 2007,  el 2,1% de caída producido en el  2011 nos sitúa en el mismo nivel que en 2006, otra por el incremento de las primas a renovables , subvenciones y ayudas , al carbón, a los pagos por capacidad, los CTCs ,…
  • Evolución del déficit
Desde el 2000 se ha generado un déficit de más 30.000M€ , unos 6.000M€ ya amortizados (por emisión de bonos  liquidados con recargos del recibo de la luz), quedan por amortizar más 24.000M€. Estos más de 24.000 M€ se derivan de un déficit a principios del 2010 de 16.694M€ , con adicionales posteriores  de 5.554M€ (2010) y de 3.899M€ (2011, por cerrar ) .
Descargados de sus balances por titularización de deuda (acreedores privados o del mercado) unos 13.885M€ , quedan por lo tanto unos 10.000M€ susceptibles de quita , unos 3.000M€ cedidos al FADE para su titularización , quedarían unos 7.000M€ que afectaría a las grandes : UNESA (Iberdrola, Endesa, GNF, E.ON y HC). Endesa es la que más “sufre” el déficit de tarifa , debe financiar el 44,16% de la misma, Iberdrola el 35,01%.,GNF 13,75%, HC Energía 6% y E.ON el 1%
Este déficit de no tomarse medidas de contención del mismo podría verse incrementado en otros 5.000 M€ a 31/12/2012
  • Sistema de cálculo de tarifas
El actual sistema de cálculo de tarifas y reconocimiento de precios es marginalista, sencillamente se retribuye por el precio de la tecnología más cara que opera en el mercado , que es el gas natural , lo que genera unos beneficios extraordinarios en la producción hidráulica y nuclear , ya amortizadas y que venden a un precio mucho más alto , de lo que en realidad les cuesta el MW generado. La perversión es aún mayor cuando sube el precio del crudo  y por lo tanto del gas , aumenta el diferencial  lo que genera un aumento en los beneficios en las eléctricas (nucleares e hidráulicas) . Para acabar con esta perversión , la UE está exigiendo que  sea un organismo regulador como  la CNE quien fije las tarifas de acceso (la parte regulada del recibo de la luz) .

  • Consideraciones sobre la CESUR (Contratos de Energía para el Suministro de Último Recurso)

Veamos algunos elementos que nos permitan acercarnos a los complejos mecanismos que constituyen el mundo de los contratos de energía y la configuración de los precios/tarifas. Las subastas de energía para el suministro a tarifa es un mecanismo de compra de energía , destinada a los consumidores acogidos a la tarifa regulada , implantado en España en junio del 2007. Además de estas subastas, los distribuidores también pueden adquirir energía en las subastas del mercado a plazo OMIP (Operador Mercado Ibérico Portugués) y en el mercado diario para suministrar electricidad a los consumidores del mercado regulado.
La finalidad de estas compras de energía (CESUR) es por una parte fomentar la liquidez de los mercados a plazo y por otra estabilizar el coste de la tarifa integral haciendo previsible el coste de adquisición de la energía para los consumidores acogidos al suministro regulado  frente al valor más imprevisible de la energía si se compra diariamente en el volátil mercado diario.
Con las subastas CESUR el riesgo en la formación de precios de la tarifa integral lo asumen desde el inicio los agentes vendedores, siendo ellos directamente los que participan pujando en las subastas .Los sujetos participantes en estas subastas son : los productores de energía (régimen especial y ordinario), las comercializadoras, agentes externos (los que han adquirido energía o capacidad de generación en otras subastas  consumidores cualificados.
El precio de la energía se determina, en el caso  de los clientes con derecho a tarifa de último recurso (TUR), que son los consumidores domésticos con menos de 10KW de potencia contratada, unos 20 millones de consumidores, en las subastas de energía CESUR que son trimestrales.

  • Desglose tarifario: Factores que conforman/componen  la tarifa eléctrica

Hay que tener en cuenta que la tarifa de acceso/peajes (fijada por el Ministerio de Industria y Energía) destinada a cubrir los costes de las actividades reguladas, es solo el 50% de la tarifa eléctrica , el resto es el precio de la energía determinado por las subastas del mercado(CESUR). Los ingresos que se recaudan a través de las “facturas” de la luz, con cargo a esas tarifas de acceso no son suficientes para hacer frente a los costes de las actividades reguladas, lo que produce el famoso déficit de tarifa, una hipoteca de más de 24.000M€.
Veamos un estudio comparativo del desglose en diferentes medios de comunicación :

Conceptos/Fuentes
El País
El Mundo
La Razón 
El Periódico Catalunya
Energía
37%
34,4%
22,7%
23,1%
Distribución

15,1%
17%
15,8%
Transporte
4,3%
4,4%
4,85%
Primas Renovables
17% (*)
18,2%
22,2%
20%
Déficit Tarifa
5%
5,7%
6,1%
8,6%
Impuestos
19% (**)
16,5%
18,7%
19,4%
Varios
3% (***)
2,8% (***)
9,2%
8,3%
2%
4% (****)


Fuente :Elaboración propia (diferentes medios ) /Anexo I
(*) solar 7%+eólica 4%+resto6% (**) IVA 15% +Impuesto electricidad 4%
(***) Extra-peninsulares (****) Financiación programas de ahorro y otros

  II.            Posicionamiento del sector : Administración, empresas (UNESA y APPA)

  • Consideraciones iniciales, las primas/subvenciones/ayudas, para todos
Todos los sectores, todas las tecnologías cobran primas/subvenciones/ ayudas, unos como CTCs (Costes de Transición a la Competencia) ,para compensar a las empresas por la “liberalización” del sistema, los “windfall profit” (para nucleares e hidráulicas), moratoria nuclear , primas a la generación (renovables), ayudas al carbón (mantenimiento empleo), pagos por capacidad, interrumpibilidad,..
Los llamados Costes de Transición a la Competencia , supusieron en su momento unas aportaciones de 6.000M€ , reconocidas al sector como compensación por la liberalización.
Para las renovables , lideradas por Abengoa, las nucleares e hidráulicas suman unos 3.000M€ de beneficios sobrevenidos (“windfall profits”) , por vender al “pool” a un precio superior a su coste de generación , este sobreprecio inicialmente se concibió para amortizar sus plantas, sin reconocer que ya fueran amortizadas con los abonos de CTCs (unos 3.600 M€ ya cobrados). Además las renovables (Acciona, Abengoa, T-Solar, ACS, Eolia,..) , reivindican el “céntimo verde” que debería cargar sobre los precios de los carburantes que permitan financiar las primas recibidas , que actualmente suponen ( 6.856 M€) más de un tercio de los costes regulados . También proponen utilizar las subastas de derechos de CO2, para financiar su desarrollo. Según un estudio de Deloitte, solicitado por la patronal termosolar, los proyectos termosolares contribuirán al PIB con 3.516 M€ , ahorrarán la importación de 140.692 Tm equivalentes de petróleo (tep) y en 2015 habrán ahorrado la emisión a la atmosfera de 3,1 millones de Tm de gases efecto invernadero
Por otra parte los ciclos combinados (GNF, Iberdrola, Endesa…) apuntan  a las renovables como causantes indirectas del déficit de tarifa del gas (210 millones en 2011) por la caída de la demanda gasista del sector eléctrico al verse “desplazadas “ las centrales de ciclo combinado por las renovables. Al mismo tiempo los ciclos combinados (gas) o el carbón de importación cobran una compensación de tarifa , pagos por capacidad por estar disponibles. Actualmente los pagos por capacidad ascienden a 26.000M€ por MW-h , las compañías afectadas solicitan que estos pagos asciendan a 40.000/50.000 € /MW-h
Los grandes consumidores eléctricos  perciben una retribución por el concepto de interrumpibilidad , lo que es denunciado por la patronal eólica (AEE) y los “solares”
Según un estudio de El Economista del 28/02/2012 , las renovables contribuyen más a la contención del déficit a través de un ahorro energético de unos 3.800M€ y las eléctricas a la financiación del déficit en unos 4.949M€
Resumiendo el escenario bélico :” Todos contra todos”


  • Posicionamiento de la Administración y de las Eléctricas : El debate está servido
Llega el Gobierno de las “reformas”, obediente al “big brother” de los mercados y su primera medida a imponer en el escenario del “enredo energético” , es el RDL 1/2012 (enero 2012), que supone la moratoria de primas para la generación de energía de origen renovable, es decir suspende todas las retribuciones/primas a renovables, con excepción de las instalaciones ya en funcionamiento y las ya pre-registradas. El Gobierno comunica que legislará  en dos meses y fijará su posición ante el “enredo energético” y el déficit de tarifa generado .
El Ministro de Industria y Energía apunta el pasado 16/02/2012 en la jornada organizada por el Forum de la Nueva Economía , que el déficit , que representa el 2,8% del PIB, debe repartirse entre los consumidores (que ya lo pagan a través de las facturas), las compañías eléctricas (quita?),y el Estado (incrementaría el déficit público?). Anuncia preocupación por un posible déficit estructural para el periodo 2012-2015 en el sector del gas
El diario ABC del 28/02/2012 recoge dicha noticia apuntando que el Gobierno cuenta con un margen de dos meses para adaptar su legislación en materia energética al marco común europeo , cuyas directivas regulan la liberalización del mercado del gas y de la electricidad , el llamado “tercer paquete energético” .
Rumores y más rumores, unos “contaminantes” ,otros con la vocación de influenciar a “su “ Gobierno. Un día se anuncia/denuncia que el Gobierno podría terminar interviniendo en los precios para poder controlar el mercado eléctrico, en la práctica podría influir en las tecnologías que finalmente lograsen vender su electricidad en el mercado mayorista , pudiendo incluso decidir que centrales funcionan , como es lógico el sector (UNESA)  la considera intervencionista. Para UNESA las ayudas (CTCs, windfall profits,..) no son intervencionistas , ni alteran el funcionamiento “libre y eficiente “ del mercado ,sin embargo si lo sería cualquier tipo de impuestos a la generación nuclear…
Otras noticias anuncian que el Gobierno podría estar analizando la posibilidad de repercutir el déficit de tarifa a las renovables (Acciona, Abengoa,T-Solar,..), dado que el Ministro habló de operadores , que pueden ser no solo las eléctricas , sino también renovables y empresas de transporte como REE. El Ejecutivo tiene una gran baza con los ingresos que obtendrá en las subastas de CO2 en 2012 por lo que las empresas del sector (eólicas, termosolares,..), reclaman que estos ingresos se dediquen  o la financiación de renovables o la reducción del déficit .
Las eléctricas (UNESA), “amenazan” que si la Administración se atreviera a ejecutar una posible quita, al no poder recurrir ante los tribunales nacionales (lo impediría la Ley Eléctrica 54/1997), acudirían al Tribunal Supremo y posteriormente a la Comisión europea .Subida de tono de Eduardo Montes (el gran empleado de UNESA) , que anuncia , “si al Gobierno se le ocurriera proponer una quita, el sector estaría en absoluta beligerancia, llegaríamos a un enfrentamiento a todos los niveles , también legal,…”.Las manifestaciones salidas de tono del agresivo Director General de UNESA , tienen su adecuada réplica en el Secretario de Estado de Energía, Fernando Martí , apuntando que la patronal eléctrica no es quién “para dictar la política energética del Gobierno” .Escenificación de un “enfrentamiento”…
Para UNESA el 45% del recibo eléctrico es el coste del sistema, el resto 55% política energética o impuestos, costes ajenos al suministro eléctrico . Están de acuerdo en la moratoria a las primas de renovables , pero apunta “igual es necesario un par de subidas del recibo en torno al 12% o 14%  .Reflexión ad-hoc, ¿qué parte de este 55% beneficia a los socios de UNESA?
 Las eléctricas consideran que en la moratoria de renovables se ha tratado a todas las tecnologías por igual, cuando por ej. la eólica aporte el 16% de la energía y representa el 17% de los costes del sistema, frente a la solar que produce solo un 3% de la electricidad y consume el 13% de los costes. Hay que anotar que las eléctricas como Iberdrola y GNF, tienen intereses eólicos y no termo solares 
En este escenario de posicionamiento antes de la “gran batalla” , UNESA se desmarca coyunturalmente del “lobby” nuclear. Matizan su posicionamiento a favor de que la energía nuclear es barata, intentando evitar el impuesto correspondiente. Se barajan cifras entre 35 y 50 €/MW h en función de lo que se pretende defender en cada momento .El negocio no son nucleares nuevas, sino alargar la vida de las centrales “ya amortizadas” , más allá de los 40 años
La batalla por la subida de la tarifa .Ha llegado el momento de que para mantener el margen de los beneficios de las empresas eléctricas (UNESA), es necesario repercutir sobre las tarifas y los recibos de la luz de los consumidores. UNESA  propone abiertamente propone subidas tarifarias del 20% (Informe del sector: Situación económico-financiera de la actividad eléctrica en España). Para UNESA, el déficit o lo pagan las renovables o lo paga el consumidor .
Según UNESA hay que subir la tarifa de la luz, pues los costes del sistema (generación, transporte y distribución) están en la media baja europea, lo que la hace de las más caras de Europa son los costes regulados(55%), ¿olvida UNESA que de esos costes regulados todos, UNESA también , se benefician..?
De todas maneras el seguimiento de los acontecimientos nos lleva a preguntarnos ¿En qué medida la falta de racionalidad en los costes es también achacable en gran parte a todas las empresas del sector: eléctricas, renovables, transporte y distribución,..?
La posición de Iberdrola
Para ayudar a situarnos avancemos unos datos previos. El informe corporativo de la sociedad recoge en la presentación de los resultados , de su última Junta General  de accionistas , que la sociedad tuvo unos beneficios de 2.805 M€ , una cifra de negocios de 31.648M€ , un EBITDA (resultado bruto de explotación ) de 7.650M€ y que su Presidente ganó unos 7 millones de euros todo en el  2011.
Por su posición beligerante  merece la pena destacar el posicionamiento de Iberdrola, liderando la respuesta del “lobby” UNESA. Su Presidente está dispuesto a encabezar la “revuelta” de las eléctricas, dada su fuerza y capacidad de influencia con los sectores “más religiosos” del  nuevo Gobierno. Su discurso en la Universidad de Salamanca el pasado 2/12/2011  se considera una propuesta de Plan Eléctrico Nacional dirigida al nuevo Gobierno del PP. Analicemos de forma sucinta algunas de las manifestaciones muy ilustrativas del Presidente de Iberdrola durante la presentación de los resultados de la sociedad el pasado día 23/02/2012 :
-La luz bajaría si la factura no incluyera “decisiones políticas”…ABC 24/02/2012
-Críticas al Gobierno por obligar a las eléctricas a actuar como Bancos, arremete contra la termo-solar a la que llama “hibrida solar-gas” y a la que acusa de que los 1200 MW asignados supondrán entre 1500 y 2000 M€ en primas…Cinco Días 24/02/20
-Iberdrola pide no construir ni una termo-solar más ….La Razon 24/02/2012
-Iberdrola pide que se detenga la inversión en renovables….El País 24/02/2012
-Pide al Gobierno acabar con las primas “verdes” para evitar la subida de la luz: anima al Ministro a dar un hachazo a las solares porque eso no es retroactividad….El Mundo 24/02/2012
Resumiendo , el gran enemigo de Iberdrola es la termo-solar (ACS-Florentino Perez y Abengoa) , es bueno saber que Iberdrola ha llegado tarde a esta tecnología , que ahora intenta combatir. Apunta que en el régimen ordinario el coste de la energía es 61 €/MW-h , mientras que la eólica cuesta 70€/MW h y la termo-solar 332€/MW h. Por otra parte, considera que el Gobierno no se atreverá a realizar una “quita”

La posición de ENDESA

En la presentación de los resultados del 2011 se exponen datos del ejercicio que indican un beneficio neto de 2.212 M€ , con unos ingresos de 32.686 M€ y un EBITDA de 7.265M€ .El Presidente y el Consejero Delegado de Endesa reciben una remuneración de unos 3,4M€ .
Endesa a través de su CD propuso que sea el ICO (Instituto Crédito Oficial) y no el FADE  (Fondo Amortización Deficit Tarifa) que lo hacía con el aval del Estado, quien emita el déficit todavía sin titularizar (unos 8.000/10.000M€). El ICO podría solicitar al BCE un préstamo por esta cantidad a un tipo de interés reducido un 1%  y lo colocaría a tipos de mercado superiores al 3% , quedándose  con la diferencia . Esto permitiría que las eléctricas sacaran de sus balances esta deuda, que colocarían a entidades financieras españolas y también “beneficiaría” a los consumidores que pagan en el recibo hasta un 6% de intereses por las emisiones del FADE.

La posición de APPA (Asociación de Productores de Energías Renovables)

Respondiendo al portavoz de UNESA , niega APPA que las renovables perciban 7.000M€ en subvenciones, sino que esta sería solo una parte del coste evitado por quemar energías fósiles que no pagan en la factura lo que nos cuestan a través de los PGE, vía subvenciones y factura del petróleo . De estos 7.000M€ , las renovables recibieron unos 5.000M€ en el 2011 , el resto fue para la cogeneración y los tratamientos de residuos . Además un 49% de las primas a renovables son percibidas por las cinco compañías de UNESA , de ahí el diferente tratamiento dado por UNESA a la solar con respecto a la eólica. Apunta APPA que desde el año 2005 al 2011 los promotores de centrales de ciclo combinado (gas() han más que duplicado su potencia instalada , de 13.134MW a 27.023MW , contribuyendo en gran parte al exceso de potencia instalada , a un sistema eléctrico sobredimensionado y por lo tanto caro e ineficaz . Por último solicitan auditar en detalle los costes de generación y distribución de las compañías de UNESA, dejando deslizar la duda acerca de que el déficit tarifario posiblemente no ascienda a las cifras que se están manejando.

Auditorías y consultorías La guerra entre las eléctricas y las renovables también ha afectado a las empresas de auditoría y consultoría que trabajan en el sector. UNESA que había contratado a Deloittte en el pasado, este año ha contado con Ernst &Young, KPMG y PWC y castigado a Deloittte por haber trabajado para la AAPA, AEE y Protermosolar, tratando de justificar las bondades macro económicas de las renovables.
Las contratadas por UNESA apuntan que la rentabilidad de las empresas por la explotación de sus recursos en el 2010 fue del 4,5% , inferior a la tasa de coste medio promedio de los capitales utilizados para su financiación que es del 6,3% , lo que supone una pérdida de valor…

La objetividad al servicio de quien la paga

Al objeto de ilustrar los diferentes posicionamientos de los sectores con relación a la reforma del mercado, se anexan los siguientes cuadros :

  • Anexo II : Reivindicaciones de los distintos sectores energéticos
  • Anexo III  : Coste comparativo de las diferentes tecnologías
  • Anexo IV : Coste para el consumidor de las diferentes tecnologías
  • Anexo V : Generación eléctrica en España por tecnologías (2011)

III.            Informe de la CNE (marzo 2012) y sus repercusiones sobre el sector

Para una mejor comprensión del “enredo” , pienso que  es útil comentar el citado informe de marzo 2012. Dado el alcance y la gravedad de problemática del déficit tarifario y la situación del sector eléctrico, la CNE se dirige al sector mediante consulta pública, solicitando la respuesta de los agentes implicados al cuestionario remitido. De forma muy general una de las primeras consideraciones que el sector expone sería la necesidad de una mayor liberalización , la exigencia de un marco regulatorio estable , curioso binomio: liberalizar y regular, e introducir “racionalidad” en los costes del sistema eléctrico.  Como premisa general se considera que todas las actividades reguladas ( transporte, distribución, primas a renovables, otras ayudas,…) deberían retribuirse con los mismo criterios de rentabilidad.

Antes de su disolución en los próximos meses , ante la decisión del Gobierno de reorganizar los principales reguladores e integrarlos en un macro supervisor, la CNE como consecuencia de la información recibida de la consulta pública antes citada (10/02/2012), ha hecho una serie de recomendaciones en la línea de encontrar soluciones a los graves desequilibrios del sector eléctrico y “eliminar/reducir” el déficit de tarifa. El objetivo sería ajustar todos los costes del sistema para que en el 2015 se recupere el equilibrio financiero perdido en la década pasada a lo que contribuyeron las diversas políticas de los Gobiernos de Aznar y Zapatero.

Entre las medidas que se proponen figuran :
  • Con el objetivo de la desaparición del déficit de tarifa a 1 de enero del 2015, en el presente año no se debería generar déficit y el acumulado debería ser colocado en su totalidad en los mercados a través del Fondo de Titularización (FADE) y sacado de los balances de las eléctricas
  • Posteriormente se debería acabar con el FADE y su metodología, lo que genera unos altos costes financieros que repercuten en el consumidor  y que suponen aproximadamente un 6% de la factura
  • Medidas para fomentar la competencia y el funcionamiento eficiente de los mercados mayoristas y minoristas de gas y electricidad (generalidades sin concreción alguna)
  • Subidas en el recibo de la luz que podrían moverse entre el 17,5% (subida de un 35% de los peajes de acceso: costes de transporte, generación, distribución..,  que supone la mitad del coste del recibo, ver apartado de “desglose de una factura”…) , a un escenario menos agresivo de subidas anuales entre el  3% y el 7% hasta el 2014
  • Céntimo verde , se propone gravar el gas de consumo final y el litro de carburantes con una tasa verde (0,07 €/lt gasolina). Se ingresarían unos 2000M€ para el pago de renovables
  • Se solicita la “laminación” de forma temporal de las primas a las termo-solares que están en el pre-registro (unos 1300 MW) .Estos y otros ajustes en ayudas verdes podrían suponer un ahorro de unos 4.000M€
  • Los costes extra-peninsulares pasarían directamente a los Presupuestos Generales del Estado
  • Fin al carbón subvencionado , se propone la desaparición progresiva de esta ayuda cuantificada en un coste anual de 400 M€
  • Recortes en distribución y transporte , lo que afectaría a las grandes que tendrían que asumir recortes de hasta un 10% por el cobro de la utilización de sus redes de distribución  , así como REE que cobraría menos por su red de alta tensión
  • Revisar los pagos realizados por los conceptos de CTCs , considerando que los 3.000Me recibidos por este concepto , unos 2.500M€ deberían ser devueltos
  • Otras medidas : reducción de los pagos por capacidad ( lo que cobran las centrales de gas por estar preparadas para entrar en el sistema…), recortar beneficios de los contratos de interrumpibilidad, utilizar las subastas de los derechos de emisión de CO2 al pago de renovables
  • Sugiere pero no se atreve a proponer que un impuesto a la energía nuclear e hidráulica de entre 15/19 € por MW h , lo que podría tener un impacto positivo entre 850 y 1.300M€

Toda esta batería de medidas se cuantifica de forma no muy precisa en un recorte de unos 4.521M€

El informe de la CNE constata que España es el tercer país más caro para el consumidor doméstico .La media europea es de 12,15 céntimos de €/KW h y España se sitúa en 15,97 céntimos € /KWh . Francia (9,94), Portugal (10,15), UK (13,65), Alemania (14,06), Italia(14,15)

IV.            Algunas consideraciones sobre la eficiencia energética y la obsolescencia del sistema actual

En todo el apasionado debate sobre la reforma del mercado energético se olvidan elementos que se tratan como periféricos pero que sin duda intervienen en el debate si se quisiera introducir una cierta dosis de racionalidad. LA Comisión demandó a España en noviembre del 2011 por incumplir la Directiva 2002/91/CE sobre eficiencia energética de los edificios. España ocupa un dudoso último lugar en el campo de la Eficiencia Energética de la CE .Nuestra dependencia energética es del 75 % (20 puntos por encima de la media europea) y nuestra factura energética anual es de unos 45.000M€, gastamos cada año 3.000M€ en la compra de derechos de emisión de CO2 a terceros países. El Plan de Ahorro de Eficiencia Energética 2011-2020 que no se ha comenzado a aplicar supondría un ahorro de 9.000 M€ en energía. España además tiene un consumo de energía que es un 20% superior a la media europea por unidad de PIB

Todo el entramado anterior, las tarifas extra-peninsulares, los pagos por capacidad, ayudas al carbón, ingresos de las nucleares, subastas de la TUR, intereses de la deuda,… conforman un sistema cuya falta de competencia y transparencia lo hacen especialmente caro  e ineficiente. Es preocupante que a la vez que se dicta la moratoria a las renovables, se abandone las políticas ambientales y de ahorro energético, olvidando además nuestra alta dependencia energética (80%) . La reducción del esfuerzo inversor llevado a cabo para el desarrollo de la industria y tecnología de las renovables podría provocar una cierta deslocalización, como lo anuncia la patronal del sector (APPA),  así como la pérdida de las inversiones tecnológicas realizadas y es un síntoma evidente de que no solo se carece de política energética sino también de industrial

    V.            Consideraciones finales

Llegamos al último Consejo de Ministros de 30/03/2012 y su posterior RDL 13/2012, que decide sobre el alza de la luz , lo que supone que la subida de la tarifa eléctrica, carga una vez más sobre el consumidor . Por ej. una subida del 7% equivale hoy a una subida de los peajes del 21%, que sería la subida real, una vez integradas las variaciones de todos los costes que repercuten en ella. El efecto para el consumidor será ahora del 7% , pero cuando la próxima subasta determine aumentos de precios de la energía y estos se sumen al incremento de los peajes, el impacto será muy superior. Con esta subida de la luz se cubren unos 1.400M€ de incrementos de peaje , de los cuales unos 1.000M€ pagaremos los consumidores domésticos. El caso de las tarifas es un ejemplo más de una interesada ceremonia de la confusión, mientras se anuncia un reparto equitativo de los costes de la recesión y se simula un enfrentamiento con las eléctricas, se toman decisiones para que paguen más los de siempre

El RDL 13/2012 aparte de incrementar el coste de la luz a los consumidores, recoge otra serie de medidas , como serían vincular la retribución de la distribución y el transporte a los activos en servicio, lo que supone un recorte a la distribución por 688M€ , nuevos criterios de retribución de las instalaciones en los sistemas insulares y extrapeninsulares,  ajustes en los presupuestos de laCNE y el IDEA  (unos 674 M€ menos), a las ayudas al carbón (46M€ menos), a los pagos por capacidad (84 M€ menos) , al servicio de interrumpibilidad  (56 M€ menos) ,..

No me resisto a narrar una “anécdota” suficientemente ilustrativa de este “enredo energético” y las fuerzas combatientes en despliegue “bélico”. Unos días antes del Consejo de Ministros del pasado 30/03/20121, el lunes 26 de marzo de 2012, durante la entrega de los XXIII Premios de la Energía , organizada por el Club Español de la Energía , cuyo Presidente es Don Ignacio Sánchez Galán , gran patrón de Iberdrola, mientras el Ministro de Industria “invitado de piedra”, anuncia el objetivo de acabar con el déficit eléctrico en el año 2013, aparece en escena presentando la gala el “popular” Antonio Jiménez “conductor” del “equilibrado” y “objetivo” programa “el gato al agua” , perteneciente a la “moderada” cadena televisiva Intereconomía…, está claro que Don Ignacio no tiene ningún complejo en ocultar su rancia ideología y aprovecha la ocasión para “presionar” a la Administración a través del ala “ultra” del Gobierno…

La batalla continúa

El ministerio de Industria anuncia en los últimos días, su intención de realizar un amplio análisis de redes y centrales eléctricas , a modo de gran auditoría de costes. El objetivo es analizar el derecho a cobrar solo por aquellos activos no amortizados (no como hasta ahora, dónde se cobran por activos como las hidráulicas con 60 años o nucleares de 30/40 años totalmente amortizadas), o las subvenciones a centrales no usadas de forma eficiente o con el combustible no más económico. Por ejemplo, las centrales de ciclo combinado cobran al año 800 M€ por estar activas , aunque no generen electricidad , solo por estar disponibles , en el RDl 13/2012 se ha bajado dicha retribución en un 10% , “con carácter excepcional para el año 2012”.Quedamos a la espera de la reacción de Don Ignacio y sus huestes, entrenadas por el Mourinho de UNESA, Don Eduardo  Montes …..










MGA (1 er Borrador) /12.04.2012


REVINDICACIONES DE LOS DISTINTOS SECTORES ENERGÉTICOS (ANEXO II)
SECTORES
Peticiones Económicas
Consideraciones
Reivindicaciones
Carbón (CARBUNIÓN)
-Control primas renovable
-Acceso renovables a mercado no regulado
-Mejor funcionamiento subastas de electricidad (CESUR) -Mantenimiento prioridad del carbón
-Peajes para cubrir costes regulados (subida tarifas)
Eólica (AEE)
-“Céntimo verde”
-Subastas CO2 financien renovables
-IVA reducido para generación renovable
-No culpables del déficit
-Contrario al sistema de interrumpibilidad (gran industria)
-Levantamiento moratoria y un nuevo marco regulatorio
-Tarifas según consumo (limitar alcance TUR)
Fotovoltaica (UNEF)
-“Céntimo verde”
-Subastas CO2 financien renovables
-Eliminación CESUR , fijación precios promedio precio “pool”
-Ayudas al carbón a presupuesto ,diferir pago moratoria nuclear
-Liquidación CTC (Costes de Transición)
-Sacar mercado mayorista a nuclear e hidráulica
-Reducir pagos por capacidad y pagos por interrumpibilidad
Termosolar (PROTERMOSOLAR)
-Subastas CO2 financien renovables
-“Céntimo verde”
-Contra “windfall profit”
-A Presupuestos del Estado: costes extra-peninsulares, bono social, moratoria nuclear, ayuda a la minería 
-Quita a las eléctricas reduc.“windfall profit”
-Liquidación de CTC
-Reducir pagos por capacidad
-Devolución de los derechos de emisión recibidos eléctricas
-Bajar remuneración nucleares e hidráulicas
Eléctricas (UNESA)
-Subastas CO2 (reducción sobrecostes renovables, bono social, programas eficiencia energética -Mantener “bono social”
-Freno a inversiones en nueva capacidad /limitarlas a energías eficientes
-Solo inversiones en proyectos pilotos de tecnol. no maduras
-Moratoria termosolar
-Completar a la mayor brevedad “titularización deuda”
-Actualización tarifas de acceso (subidas)
-Final TUR (Tarifa último recurso)
-Liberalización mercado
-Tasas transporte y vivienda(tasa emisión de “greenhouses”)

(*)CESUR (Contratos Energía Suministro Último Recurso)

Cuadro coste comparativo diferentes tecnologías (Anexo III)
Tecnologías
Costes de inversión 
($/KW instalado)
Coste de generación
($/MWh)
Emisiones CO2
(gr/KWh producido)
Ciclo combinado
1000
86-92
350
Nuclear
4100
59-99
No emisiones/Si residuos radiactivos
Centrales de carbón
2100
65-80
750-950
CCS(Captura almacenamiento carbón)
5600
No evaluado
No evaluado
Hidroeléctrica
2000 a 6000
113-210
No emisiones
Eólica
1800
97-137
No emisiones
Eólica marina
4200/5600
167-225
No emisiones
Fotovoltaica
2000-4000
411-617 inicio
200  actual

Termosolar
6300
211-323
185
Alto consumo agua
Fuente : Discurso Universidad Salamanca el 2/12/2011 Ignacio S. Galan /Iberdrola/Datos según AIE

Coste para el consumidor diferentes tecnologías (2010)/Anexo IV
Tecnologías
Coste (€/MWH)

Cogeneración
93,1

Solar Fotovoltaica
452,5

Termosolar
305,5

Eólica
76,2

Hidráulica/Rgimen especial
77

Biomasa
114,5

Hidráulica/CCGTs/Nuclear/Carbón
45,4

Fuente :Prensa Diario Noticias Alava 22/02/2012

Generación eléctrica en España por tecnologías (2011)/Anexo V
Tecnologías
%
Nuclear
21
Ciclos combinados
19
Eólica
16
Carbón
15
Cogeneración
12
Hidráulica
11
Solar Fotovoltaica
3
Termosolar /Térmica
3
Fuente: El País (Suplemento Extra) 29/02/2012